viernes, 22 de diciembre de 2017

Inviernos eran los de antes







Desde 1909 hasta el presente, los inviernos se fueron acortando: la cantidad de días con temperaturas mínimas inferiores a 10,9 grados Celsius disminuyó de un promedio de 182 (a comienzos del siglo XX) a 128 días en el presente. Particularmente, el invierno de 2017 fue el más cálido de todo el registro. Los datos surgen de la recopilación de más de un siglo de información de la Ciudad de Buenos Aires.

Es habitual que los abuelos recuerden los inviernos de hace varias décadas como mucho más fríos que los actuales, con mañanas heladas, y escarcha sobre el pasto o en los charcos. Pero no se trata de una sensación, sino que en la actualidad, al menos en Buenos Aires, los inviernos ya no son lo que eran. A ello han contribuido la variabilidad natural del clima junto con el crecimiento de las ciudades y el impacto del cambio climático global.

En efecto, si se considera la temperatura mínima, el período frío anual, en las primeras décadas del siglo XX, tenía una extensión promedio de 182 días. Incluso, en 1924, el invierno llegó a durar 209 días. Pero en la actualidad no se extiende más allá de los 128 días; es decir, el período en el cual la temperatura mínima diaria está por debajo de 10,9 grados ahora dura 53 días menos que a comienzos del siglo. Estos valores surgen de un análisis de la evolución de las temperaturas a lo largo de un siglo, desde 1909 a 2013.

María Paula Llano
“Estudiamos los datos diarios de temperaturas máximas y mínimas del Servicio Meteorológico Nacional, desde 1909, que es cuando se comienza a disponer de registros en varias estaciones meteorológicas”, relata María Paula Llano, docente e investigadora en el Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

Llano tomó los valores diarios de temperatura máxima y mínima a lo largo de más de cien años, y definió los primeros veinte años del registro como un período de referencia, pues en esa etapa ambos valores no presentan una tendencia de aumento significativa.

“Los primeros veinte años, de 1909 hasta 1928, son un período que consideré ‘natural’, en que Buenos Aires todavía era una ciudad pequeña. El período posterior, con la ciudad en pleno crecimiento, ya constituye un estado antropogénico, es decir, en que el clima recibe la influencia de las actividades humanas”, señala Llano. De hecho la investigadora fue contrastando la información meteorológica con la información de los censos, para indagar la relación entre las tendencias de temperatura y el crecimiento poblacional de la ciudad.

Una vez tomados todos los valores, Llano decidió partir el año en dos mitades: un semestre frío y un semestre cálido. Y tomó como referencia determinados umbrales para las temperaturas máximas y mínimas que permitían hacer ese corte. La máxima se calculó en 21,4 grados Celsius y la mínima en 10,9 grados Celsius.

Para realizar este estudio, se empleó el análisis armónico, donde el primer armónico permite representar la variación de la temperatura del año con una sola onda, sin tener en cuenta la variabilidad diaria.

Según los valores de corte, establecidos para los primeros veinte años, el período frío y el período cálido tenían una duración equivalente, unos 182 días cada uno. Pero ¿qué fue sucediendo a lo largo del siglo? Aumentó el número de días con temperaturas superiores a la máxima de corte, 21,4 grados, y fue disminuyendo el período con temperaturas mínimas inferiores a los 10,9 grados centígrados.

Sin embargo, hubo excepciones: “En 1984, volvimos a tener un período frío de 182 días”, apunta Llano, y agrega: “No obstante, si miramos la tendencia, se observa que las temperaturas mínimas son las que más aumentaron, en comparación con las máximas; así, en relación con las primeras décadas del siglo, las mañanas frías son cada vez menos numerosas”.

Y subraya: “Este último invierno, el de 2017, llegó a ser el más cálido del registro, según las temperaturas mínimas”.

Estaciones centenarias
El SMN cuenta con varias estaciones centenarias, es decir, estaciones que tienen registros de más de cien años. Llano trabajó con los registros de la estación Observatorio Central, “representativa de Buenos Aires, porque se encuentra ubicada en el centro geográfico de la ciudad, en un parque que, a lo largo del tiempo, vio alterados sus alrededores con la construcción de edificios, en consonancia con el desarrollo edilicio de la ciudad”.

Los estudios prosiguen. Ahora Llano va a estudiar los registros de otras estaciones meteorológicas para determinar si la tendencia observada en Buenos Aires se repite con las mismas o diferentes características en otras ciudades del país, como por ejemplo Corrientes y Río Gallegos.

“Sé que hay una disminución del invierno en todas las estaciones meteorológicas del país, pero tengo que ver si esa disminución es similar en todas, y si la temperatura mínima es la que más está aumentando en todas las estaciones”, remarca.

La investigadora construyó una base de datos tomando la información más antigua que se encuentra asentada en libretas, en las que el observador meteorológico anotaba, cada hora, la información obtenida del instrumental: temperatura y humedad, entre otras variables. Para cada estación meteorológica hay una libreta por mes, pero en las etapas más recientes se cuenta con información registrada en forma digital.

Otro aspecto que se debe estudiar es el período cálido. “En el invierno, el valor más relevante es la mínima y los días por debajo de ese valor. Pero, en el verano, es importante considerar la máxima, es decir el calor extremo, y el número de días por encima de esos valores. A nivel consumo, los mayores costos se vinculan a la mínima en invierno y a la máxima en verano”, concluye Llano.

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Agua va, agua viene







Las variaciones naturales de temperatura sumadas al cambio climático pueden tener efectos sobre la precipitación y el caudal de los ríos. En la cuenca del Plata, la consecuencia es un incremento de las lluvias y un aumento del caudal hídrico. En cambio, en la región andina, las sequías pondrían en riesgo la disponibilidad de agua.

Cuenca del Río de la Plata. Foto satelital. NASA Johnson Space Center.
El aumento global de la temperatura como consecuencia de la acción humana se está haciendo sentir. En ciertas regiones, las sequías se vuelven más intensas, mientras que, en otras, aumentan las precipitaciones. Estos cambios repercuten en el caudal de los ríos y, según el caso, las consecuencias pueden ser graves, ya sea por exceso de agua, o por defecto. Pero ¿es posible predecir lo que sucederá dentro de algunas décadas?

Un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA está trabajando en ese sentido. “Estamos abocados a entender la variabilidad del clima y, en especial, queremos saber cómo van a repercutir en el comportamiento de los ríos los cambios en la temperatura y la precipitación”, explica Ramiro Saurral, investigador en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA).

Los estudios se centran en la cuenca del Plata, que es la segunda más grande de América, y de gran importancia en la economía y la navegación. Además, provee agua potable a millones de habitantes y alberga numerosas plantas hidroeléctricas que aportan gran parte de la energía a la región.

Futuros escenarios
Los investigadores del CIMA (UBA-CONICET) están analizando los escenarios posibles para los próximos veinte o treinta años. “Observamos una tendencia al aumento de la precipitación que incidirá en un incremento del caudal en la cuenca baja del río Paraná, el Uruguay y el Iguazú, en el sur de Brasil, norte uruguayo y noreste de Argentina”, señala Saurral, y agrega: “Esta podría ser una buena noticia para las represas de Salto Grande y Yaciretá, incluso para Itaipú, pero, a la par, esos incrementos, que podrían estar oscilando en un 20 o 25% respecto de las condiciones actuales, tendrían como correlato negativo una mayor frecuencia de crecidas”.

Para realizar su trabajo, los investigadores cuentan con modelos climáticos, que incluyen escenarios probables de concentración de gases de efecto invernadero para las próximas décadas. En base a esos datos, los modelos resuelven ecuaciones y permiten obtener información acerca de los cambios de temperatura y de la frecuencia de precipitaciones.

“Una vez que podemos cuantificar los posibles cambios en temperatura y precipitación, alimentamos un modelo hidrológico, y transformamos la respuesta atmosférica de lluvia en caudales de ríos”, explica el investigador. Y prosigue: “Luego comparamos esos caudales simulados con las condiciones del caudal presente, y cuantificamos ese cambio porcentual”. Esa tarea se puede hacer para las cuencas que se elijan.

Los investigadores cuentan con el registro diario del caudal de los ríos. Este se mide dos veces por día, en estaciones de medición de caudal repartidas en los principales ríos de la Argentina. El organismo encargado de centralizar esa información es la Subsecretaría de Recursos Hídricos, y cuenta con registros centenarios. “Con esos datos uno puede hacer un análisis estadístico de lo que se observa, conocer la variabilidad natural del río y comparar con las proyecciones de cambio climático”, detalla Saurral.

El clima presenta fluctuaciones naturales que impactan en los ríos. “En los últimos cien años, tenemos períodos de 20 o 30 años con caudales por encima de lo normal, seguidos de períodos con condiciones más secas. Pero sobre esa onda lenta se monta el cambio climático, en especial desde los 80 o los 90 el efecto antrópico sobre los ríos es más notorio”, destaca Saurral, cuyo trabajo se publica en International Journal of Climatology, que también firman Inés Camilloni y Vicente Barros, profesores en Exactas UBA e investigadores del CIMA. Y agrega: “Si bien es difícil atribuir el fenómeno al cambio climático, comienzan a verse patrones más claros sobre todo en las lluvias extremas”.

Región andina
El modelado hidrológico de la cuenca del Plata se viene realizando en el CIMA desde hace unos diez años, y ahora se empiezan a aplicar los modelos en la región andina, en la zona del Comahue, donde sucede lo contrario que en la cuenca del Plata: las lluvias disminuyen y ello repercute en el menor caudal de los ríos.

“Hay un cambio en la circulación y en la posición de los sistemas que normalmente generan lluvias en Chile, que están migrando hacia el sur”, explica Saurral. Hace unos veinte años, esos sistemas pasaban más al norte y daban lluvia en Santiago de Chile y la cordillera de Mendoza, con mayor cantidad de nieve. Actualmente, hay menor cantidad de nieve en San Juan, Mendoza y norte de Neuquén, y ello repercute en los ríos andinos, que están alimentados por la fusión de la nieve invernal.

“Si la tendencia persiste, cada vez va a escasear más el agua en esa región”, subraya. Las consecuencias serán negativas para las zonas frutícolas del Alto Valle y para la producción de energía hidroeléctrica, en la zona del Chocón.

En cambio, en la cuenca del Plata, el cambio en la circulación hace que haya más vientos del este y más humedad, y por eso llueve más. “Con un aumento de 1 grado y medio de temperatura, habrá más lluvias. Pero no habrá problemas en la disponibilidad hídrica”, concluye Saurral.

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Descubrieron un plesiosaurio del Periodo Jurásico

Hace unos años en un yacimiento antártico del Cretácico, en la Isla Vega, se había encontrado un fósil de plesiosaurio. Este Hallazgo fue muy importante y en este blog se publicó sobre el mismo. Para recordar este importante evento recomiendo ver el video de la entrevista al Dr Marcelo Reguero, en la cual se puede escuchar que tenía como futuro objetivo poder ir a una zona jurásica porque  ya se conocía que poseía riqueza fosilífera.



La experiencia sobre este tipo de reptiles en la Antártida, por suerte, es muy vasta, y mediante el video Paleontólogos en la Antártida: Capítulo 4: El plesiosaurio se puede ver la excelencia en la preparación de los científicos argentinos, y la colaboración en la tarea para lograr el objetivo. Por otro lado, explican cómo es un plesiosaurio, cómo lo describen y por qué no es un dinosaurio.



En la Campaña Antártica de Verano 2016 se accedió a la zona antes mencionada por el Dr Reguero, y allí paleontólogos argentinos descubrieron un plesiosaurio de 150 millones de años de antigüedad. El equipo estaba conformado por los investigadores y técnicos del Museo de La Plata y CONICET: la Dra. Soledad Gouiric-Cavalli, Paleoictióloga; el Dr. José P. O´Gorman, Paleoherpetólogo; el Sr. Juan José Moly, Técnico; y el Lic. Leonel Acosta Burllaile, Técnico.


Es el primer registro de un plesiosaurio del período Jurásico en la Antártida, y se trata de un reptil marino carnívoro que superaba los seis metros de longitud. Fue descubierto en  el Cabo Longing de la Península Antártica, en un nuevo yacimiento paleontológico ubicado 113 kilómetros al sudoeste de la Base Marambio.




El paleontólogo José Patricio O’Gorman, investigador del Museo de la Plata (MLP) y del CONICET, comentó que “este registro de plesiosaurio es 80 millones de años más antiguo que lo que se tenía conocimiento para la Antártida”.


“Fue la primera campaña paleontológica que realizamos en este afloramiento que es como un mar congelado de 150 millones de años en un excelente estado de conservación”, destacó el autor principal del estudio que fue aceptado para ser publicado en la revista científica Comptes Rendus Palevol. 

La doctora Soledad Gouiric Cavalli, especialista del MLP y del CONICET en el estudio de peces del Jurásico, indicó que "fue difícil llegar debido a las condiciones climáticas. Junto a personal de logística y un especialista en reptiles prehistóricos, nos trasladamos desde la estación científica con helicópteros MI-17 de la Fuerza Aérea". La investigadora explicó que "es un mar congelado en el tiempo", se tuvo la suerte que “al caminar por el yacimiento se encuentra una gran diversidad de peces, amonites, algunos bivalvos, pero no esperábamos encontrar un plesiosaurio de tal antigüedad; fue sorprendente". Por otro lado,“el hallazgo es bastante extraordinario, porque el yacimiento no posee el tipo de rocas en las que se puede encontrar materiales preservados en tres dimensiones, como es el caso de las vértebras de este reptil marino”, destacó la Paleoictióloga.

El hallazgo del plesiosaurio, los fósiles descubiertos se destacan en rojo
El rescate 

A este afloramiento del Jurásico de cuatro kilómetros de largo por dos kilómetros de ancho solo se puede llegar tras dos horas de vuelo en helicóptero desde la Base Marambio, por lo que los investigadores remarcaron la logística impulsada por el Instituto Antártico Argentino (IAA). 

Allí, durante la campaña antártica de verano de 2016, acamparon 40 días la doctora Gouiric Cavalli, el doctor José O’Gorman y los técnicos Juan José Moly y Leonel Acosta Burllaile. “Fue muy emocionante llegar allí, a un sitio que nadie había pisado en 23 años”, relató O’Gorman. 

“Es el lugar más alejado a donde hemos llegado con las campañas de paleontología de vertebrados en la Antártida”, valoró la doctora Soledad Gouiric Cavalli. Y añadió: “Las campañas argentinas se suelen realizar en inmediaciones a la Base Marambio (en las islas Marambio, James Ross y Vega), pero aquí hemos ampliado bastante el rango de acción y tenemos el interés de ir a sitios aun más alejados”.

El doctor Marcelo Reguero, investigador del MLP y director de las campañas paleontológicas del Instituto Antártico Argentino (IAA), afirmó que “fue preciso realizar toda una logística para llegar a este yacimiento ubicado en Cabo Longing y el resultado fue muy exitoso, al haber rescatado una gran diversidad de peces, plantas y este plesiosaurio, y este verano se irá a la nueva campaña con aun mayores expectativas”.

“En la campaña de 2016, se obtuvo una gran cantidad de fósiles y para la expedición del verano próximo iremos con instrumentos para obtener una cantidad todavía mayor de ejemplares”, anticipó el investigador del MLP y del IAA.

La doctora Gouiric Cavalli, quien será parte de la nueva campaña que se hará en este mar congelado del Jurásico desde el 8 de enero hasta mediados de febrero, aseguró que “allí se encuentra una cantidad sorprendente de peces y es lógico pensar que el plesiosaurio que descubrimos se alimentara de ellos, porque es un reptil marino grande y hallamos peces de tamaño mediano, algunos chicos, y algunos bastante grandes también”. También  explica cómo pudieron llegar estos animales al Continente Blanco: “lo que se sabe es que el hemisferio norte y el hemisferio sur por entonces estaban conectados a través de dos corredores marinos. El Proto-Pacífico habría estado en contacto con el Tetis europeo a través del corredor Hispánico. Los extintos plesiosaurios migraron a través de la zona que hoy es Cuba. El corredor de Mozambique, en cambio, conectaba la Cuenca Neuquina con el Tetis a través de la Antártida”.


Movimiento de las placas tectónicas:
las imágenes muestra el cambio desde el Período Pérmico de la Era Paleozoica, hasta hoy.

Respecto a la excelente conservación de esta fauna y flora marina del Jurásico, la investigadora del MLP y del CONICET reveló que “se preservaron así porque el fondo de aquel mar tenía muy poco oxigeno, por lo que no se desarrollaban organismos que pudieran desarticular esos ejemplares y tampoco se producían los fenómenos de putrefacción”.

El mundo hace 150 millones de años 

El doctor Marcelo Reguero señaló que “estos depósitos ricos y únicos en vertebrados del jurásico marinos pertenecen a la época en que la Antártida formaba parte del continente Gondwana y estaba junto a Australia, Nueva Zelanda, India, Madagascar, África y América del Sur”.

La temperatura de los mares era mucho más elevada hace 150 millones de años y el mapa mundial era muy diferente. Según manifestó el doctor José O’Gorman, este plesiosaurio, además de tratarse del primero de su clase en el Jurásico en la Antártida, sirve como evidencia a favor de la posibilidad de la dispersión de estos reptiles por medio de un pasaje que existía entre África y la Antártida, que en ese momento recién se habían separado.


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Otra publicación del blog referida al Plesiosaurio